BEERTUS
La cerveza que nació de un sueño
Esta no es solo la historia de una cerveza con medallas de bronce, plata y oro. Es la prueba de que con fe y perseverancia, se puede construir la vida que mereces, trago a trago.
Te contamos cómo nació Beertus.
Todo arrancó con Pablo, allá por el 2008, un poco cansado de que todas las cervezas sabieran a lo mismo. Él notaba que cada vez tenían menos gusto, menos alma. Y con esa molesta idea en la cabeza, decidió meterse en el mundo de la fabricación casera. Primero fue cosa de leer un poco, pero pronto se dió cuenta de que quería hacerlo bien.
Se mandó a un curso, y ahí fue cuando la idea creció: ya no se trataba solo de hacer cerveza, sino de tener su propio lugar.
Una fábrica con un bar donde la gente pudiera probar lo que salía de los tanques ese mismo día. Un plan de amigos, básicamente. Y como Pablo es de los que piensan que "si no está bien hecho, mejor que lo hagas vos", no se quedó en la teoría.
Terminó el curso y armó su pequeño laboratorio en el garaje de su casa.
Empezó cocinando para los suyos: un bautismo, un cumpleaños...
esas cosas. Eran sus primeras pruebas, pero ya tenían algo especial.
Después, como pasa en la vida, el sueño se enfrió. Otros temas lo fueron llevando por otro lado y la cerveza quedó pausada. Pero la idea, aunque guardada, nunca se fue del todo; se le había metido en el corazón.
Con el tiempo, las cosas cambiaron. Empezó una nueva relación con quien hoy es su pareja, y ella le fue recordando lo importante que es vivir con lo
que a uno le gusta, no solo con lo que toca. Con la llegada de su hija, y entre charlas de por medio, en el 2018 Pablo dijo "bueno, basta" y desempolvó el equipo de cerveza.
Ahí vino la época de los dos, y a veces tres, trabajos. El día arrancaba a las 4 de la mañana, repartiendo pan por todos los locales del barrio.
Después de las 6 de la tarde, le tocaba la contaduría: llenar planillas, hacer pagos, poner todo en orden. Y recién ahí, cuando empezaba la noche, se metía a ver su cerveza: chequear la levadura, lavar las ollas, ocuparse del lúpulo...
Su hija, calladita pero nada distraída, lo miraba. Veía a su papá en ese bucle eterno de trabajo. Y un día, con esa elocuencia brutal que tienen los chicos a los 5 años, soltó
"Papá siempre está trabajando, solo quiere plata, plata, plata"
Nos sacó una risa enorme en su momento, y hoy la recordamos con una sonrisa. Porque ella, en su inocencia, nos dió la clave para entenderlo todo.
Esa anécdota nos hizo reflexionar.
No se trataba de "querer plata". Se trataba de algo mucho más profundo.
Nosotros creemos que uno no viene a este mundo a "ganarse la vida", sino a vivirla. Y para vivirla plenamente, hay que atreverse a crear la vida que uno merece. No se persigue un sueño como quién persigue un premio lejano; se atrae, se construye paso a paso, con la fe
de que merecemos lograr aquello que nos apasiona. Esa época de esfuerzo no fue por el dinero, sino la inversión necesaria para saltar.
Y así fue.
Gracias a esa perseverancia, Pablo pudo dejar atrás uno de esos trabajos. Como un nadador que entrena en la pileta, se subió al trampolín alto, cerró los ojos por un segundo, y saltó. No saltó por plata; saltó por fe.
Fe en su sueño, en su merecimiento, y en que el universo abraza a quienes deciden vivir con autenticidad.
Hoy, esa fe se ve recompensada.
La cerveza Beertus no solo está en un bar de Saavedra, conquistando corazones argentinos entre amigos y vecinos, sino que también empezó a ganarse el respeto de los más exigentes: ya luce con orgullo sus medallas ganadas en distintas competencias: bronce, plata, y sí, la tan soñada oro.
Es el reconocimiento a esa calidad que Pablo siempre buscó.
Y ahora, lo más lindo: ya no salta solo.
Porque en la pileta, lo esperamos todos quienes queremos verlo triunfar, para celebrar eternamente juntos. Con una Beertus en la mano, claro.
Porque al final, la mejor cerveza es la que se comparte en la vida que siempre quisiste vivir.